La recepción del legado griego al mundo musulmán - Parte III


Los traductores siríacos

El califa al-Ma´mûn fue quién fundo la “Escuela de la sabiduría” (Bayt al-hikma), la cual fue dirigida por Yahyâ ibn Mâsûyeh, quién fuera sucedido por su más destacado discípulo Hunain ibn Ishaq, originario de Hera, el cual provenía de una familia perteneciente a la tribu árabe cristiana de los ´Ibad.

Como bien lo señala el hebraísta y escritor Manuel Foncano; la tarea de los traductores se centro principalmente en el corpus aristotélico y algunos comentarios a estos por parte de Alejandro de Afrodisia(1) y de Temistio(2); obras platónicas y de neoplatónicos como las de  Plotino(3), Dionisio de Areopagita(4) y Proclo(5); además de una serie de obras seudo-aristotélicas, seudo-platónicas, seudo-pitagóricas, etc.

Con Hunain(6) (Ioanitus) como figura central y dominante, los traductores profesionales - la mayoría cristianos - se dividen en tres grupos, según una clasificación efectuada por el profesor Soheil F. Afnán. Hubo, primeramente, la escuela pre-Hunain; en segundo término, la escuela de Hunain, de sus parientes y discípulos, y tercero, la escuela post-Hunain. La clase de actividades que llevaban a cabo puede deducirse de un valioso artículo de Hunain acerca de la traducción de las obras de Galeno; en el cual, se citan varias clases de traducciones:
  •     Traducciones del griego al siríaco.
  •     Traducciones del griego al árabe.
  •     Traducciones del siríaco al árabe.
  •     Traducciones del árabe al siríaco.
  •     Traducciones diferentes de una misma obra, efectuadas por distintas personas.
  •    Traducciones diferentes de una misma obra, efectuadas por una misma persona.
  •     Traducciones previas, revisadas después por sus propios autores o por otros.
  •     Traducciones al siríaco y al árabe, de una misma obra o de diferentes, efectuadas por la misma persona.
  •     Traducciones de partes diferentes de una misma obra, efectuadas por distintas personas.
  •     Algunas traducciones incompletas, debido a la ausencia de los textos necesarios.

Sabemos por otra parte, que en Alejandría se llevaba a cabo reuniones que giraban en torno al estudio y discusión de las obras de Galeno; pasando del análisis de un texto específico a otro; práctica que fue imitada por un grupo de estudiosos cristianos en Bagdad; los cuales se reunían en la escuela llamada Eskol(7).

A través del Kitâb al-Saidana de Bîrûnî sabemos que a menudo los traductores se ayudaban en sus trabajos con compilaciones, entre las que se encontraban los diccionarios llamados en persa Chahâr Nâm; los cuales daban las equivalencias de los términos más comunes en las cuatro lenguas de las cuales se valían los traductores: el griego, el siríaco, el árabe y el persa. Además disponían de glosarios centrados en los libros que contenían palabras de difícil traducción.

Se conocen el listado de los traductores a través de tres volúmenes, que reúnen fuentes árabes de gran valor: Al-Fihrist de Al-Nadim, Târikh al-Hukamâ´ de Ibn al-Qiftî y el Tabaqât al-Atibbâ de Ibn Abî Usaibi´a. A través del estudio de estas compilaciones es posible cotejar diferentes copias y comprobar su fidelidad con respecto al texto original. Además en algunos casos han sido usados en forma satisfactoria para la corrección de textos griegos que poseían a veces, errores de importancia.

Al analizar el valor literario de las versiones árabes llegamos a la conclusión que este es variado. Como ya lo mencionamos, los traductores desarrollaban su trabajo en base a cuatro lenguas (griego, siríaco, árabe y persa), siendo muy posible que de forma inconsciente quizás  fueran influidos por una de estas lenguas más que por otras.

Por razones que escapan a este pequeño articulo, el estilo árabe de Hunain llegó a ser aceptado con algunas reticencias, suerte distinta al estilo implantado por Quwairî, del que se dijo que era extremadamente complicado, reformando en forma innecesaria algunos términos. 

Entre los del grupo pre-Hunain tenemos el caso de Ustâth, del qué solo se sabe que fue contemporánea y compañero de Al-Kindî(8). Aunque las fuentes árabes dicen de él, que es un traductor mediocre, su obra es notable históricamente, porque sus términos diferentes, a veces de los de la escuela de Hunain, fueron adoptados más tarde por los Falâsifa. Los encontramos en la obra de Al-Kindî, y cosa curiosa, en la historia de Ya´qûbi. Es posible que Ustâth haya sido el creador de algunos de los neologismos que disgustaban a los puristas de la lengua árabe y encantaban a los seguidores del nuevo estilo.


Como ya lo mencionamos, de todos los traductores quién alcanzo mayor reputación, fue Hunain. Las fuentes árabes dicen de él, que fue en su tiempo el que mejor conocía el griego, el siríaco y el persa, y de que los dominaba como ningún otro traductor. Se esforzó continuamente por mejorar su conocimiento del árabe, idioma en el que fue aventajado por su hijo Ishaq ibn Hunanin. La terminología dada por Hunain, su hijo y los discípulos del primero(9) es muy importante, porque aunque algunas veces difiere de la de sus predecesores, fue la adoptada por casi todos los Falâsifa, los cuales contribuyeron a establecerla como el lenguaje técnico de la filosofía. Al-Kindî se encontraba todavía ligado a la escuela pre-Hunain, pero a partir de él, fueron las palabras utilizadas por la escuela de Hunain las que se usaron invariablemente para escribir en árabe, siendo aun empleadas en todos los tratados de lógica, metafísica y psicología.

Al analizar las traducciones de más antigua data, podemos ver como estas están plagadas de transcripciones de palabras griegas, debido a que en muchas ocasiones el traductor no podía hallar el término árabe adecuado. Al correr el tiempo, los traductores ante la duda, optaron por la trascripción paralela ante la tentativa de traducción y posteriormente se procedió a dar para cada expresión griega un término árabe equivalente.

La época post-Hunain se caracterizo por una falta de creatividad y de arrojo lingüístico a la hora del uso de los términos árabes, la solución más común era el uso de términos siríacos arabizados o en caso contrario, el uso del lenguaje coránico y del árabe clásico, lo que a menudo daba un resultado forzado.

No debemos de perder de vista que ninguno de los traductores era de origen árabe puro, lo que los hacia inseguros y temeroso a la hora de acuñar expresiones nuevas; tema no menor, debido a que en general los árabes desaprobaban los neologismos y preferían mantenerse fieles a la tradición lingüística del árabe clásico. Los Falâsifa por el contrario, optaban por el uso alternativo de dos traducciones sinónimas del mismo término griego, debido a su desconocimiento de dicha lengua, preferían dar ambos términos antes de dar una traducción errónea. 

De esta época destacan los traductores Yahyâ ibn Batrî, ´Abdol-Masîn, ´Abdillah, Nâ´ima al-Himsî; quién fuera colaborador de Al- Al-Kindî y traductor de la Sofistica y Física de Aristóteles; además de la Teología que era erróneamente atribuida a Aristóteles. Otro traductor que destaco fue Qostâ ibn Lûqâ. Este filósofo, médico, fisco y matemático de descendencia griega y cristiana melquita(10), tradujo entre otras obras, los comentarios a la física de Aristóteles de Alejandro de Afrodisia y Juan Filopón; parcialmente, los comentarios al tratado “de generación y corrupción” y el tratado de los “espacios filosóficos” del seudo-Plutarco.

Ya hemos hecho mención a la traducción de la Teología que durante mucho tiempo fue atribuida a Aristóteles, no siendo esta la única obra pseudoepigráfica que tendría una considerable influencia en el naciente pensamiento filosófico helenizado en el mundo islámico.

Entre los escritos seudo aristotélicos tenemos en primer lugar la "Teología" que resulto ser una paráfrasis de las tres últimas Enéadas de Plotino, con un fuerte barniz neoplatónico, el "Libro de Pomo" en donde Aristóteles asume la enseñanza de Sócrates en el Fedón y el "Libro sobre el bien puro" que es realmente un extracto de la Teología elemental del neoplatónico Proclo.

Además de este seudo aristotelismo debemos mencionar las obras seudo-platónicas, seudo-plutarquinas, seudo-tolomeas, seudo pitágoricas; que fueron las fuentes de una amplia literatura centrada en la alquimia, la astrología y las propiedades naturales.

En el siglo IV/X, destacan Abû Bishr Matta al-Qannay, el filosofo cristiano Yahyâ ibn´Abî, y su alumno Abû Khayr ibn al-Khammâr.


Los traductores iranios

De entre este grupo de traductores podemos mencionar al persa Abû Sahl ibn Nawbakht quién desempeñaría importantes funciones en la escuela de Bagdad y fuera director de la biblioteca de la misma ciudad durante el califato de Harûn al-Rashîd, destacándose en la traducción de importantes obras astrológicas del palhavi al árabe.

Además de Ibn Moqaffa , debemos mencionar a un gran número de sabios de Tabarestán y Jorasán; entre ellos: ´Omar ibn Farrojan Tabari, Fazl ibn Sahl de Sarakhsh, Mohammad ibn Mûsâ Jwârezmî, padre del álgebra llamada “árabe”; Jâlid Marwarrûdî, Habash Mervazî, Ahmad Ferganî y el afamado Abû Mash´ar Baljî (el latino Albumasar).



Yerko Isasmendi ®



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Notas

1)  Filósofo y matemático griego. Fue director del Liceo ateniense (198-211) y se opuso al fatalismo estoico. Es llamado «el Exegeta» por ser uno de los más importantes intérpretes del filósofo Aristóteles: sus Comentarios (a la Metafísica y a los Analíticos) crearon escuela (alejandrismo) y se imprimieron reiteradamente a partir del Renacimiento. 
2) Comentarista de Platón y Aristóteles que vivió en Roma y Constantinopla. La colección de comentarios de Temistio ha sido puesta en duda en cuanto a su autoría, ya que tuvo acceso a la biblioteca de Constantinopla, donde pudo copiar los comentarios de otros autores. En todo caso, la colección de comentarios es de indudable importancia. 
3) Plotino, el representante principal y más genuino del aspecto filosófico del neoplatinismo, nació en Lycópolis. Su escuela fue muy concurrida, acudiendo a ella de todas las provincias del Imperio, y convirtiéndose en centro de resistencia y de guerra contra la religión cristiana, cuyos misterios, cuyos principios de igualdad entre todos los hombres, y cuya universalidad de doctrina para todos, se avenía mal con el orgullo y las tradiciones de la Filosofía pagana.  
4) En el siglo VI se publicaron una serie de escritos de naturaleza mística y estilo neoplatónico, que fueron atribuidos a Dionisio Areopagita. Estudios posteriores demostraron que pertenecían a un autor bizantino desconocido, al que, a falta de mejor nombre, se llamó Pseudo Dionisio Areopagita.
5) Filosofo neoplatónico nacido en Constantinopla, quién llego a estar al frente de la Academia de platónica en Atenas; fue un gran sistematizador del neoplatonismo y su pensamiento se refleja en el seudo Dionisio de Areopagita y, por consiguiente, en la doctrina cristiana; es un continuador de las enseñanzas de Jamblico. 
6)  Hunain ibn Ishâq (siglo IX), que tradujo la mayoría de las obras de Galeno y un gran número de escritos de los hipocráticos y otros autores griegos, así como abundantes textos bizantinos. Ello consolidó el dominio del sistema de Galeno en la medicina islámica y, más tarde, en la europea que, como veremos, dependió durante varios siglos de las obras en árabe. 
7) Esta palabra deriva de una trasformación del término griego scholé.
8) Abû Yûsof ibn Ishaq al-Kindî; es el primero de los filósofos helenizantes, el cual fue conocido como el “filosofo de los árabes”.
9) Entre estos destaca su sobrino Hubaysh ibn al-Hasan.
10) Término que designa a los cristianos disidentes de los patriarcados de Antioquia, Jerusalén y Alejandría. El término deriva de la palabra siria malka, que significa rey.

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