Tituba, Relugtant witch of Salem. Devilish Indians and Puritan Fantasies



Los juicios y ejecuciones ligados a la brujería que ocurrieron en la primavera y verano de 1.692 en el pueblo de Salem han avivado la imaginación y fascinación por cientos de años, creando un verdadero mito en torno a las brujas de Salem, mito explotado hasta la saciedad por la maquinaria del entertainment norteamericano.

Los datos duros más allá del mito, son que entre Marzo y Octubre de dicho año, sobre 150 personas fueron arrestadas por sospecha de brujería; cuando las ejecuciones se detuvieron en Octubre, 24 personas habían muerto: 19 ahorgadas, una de ellas aplastada hasta la muerte, y los cuatro restantes murieron mientras se encontraban en prisión. Sobre este tema la autora del libro que me propongo comentar señala: "cientos de vidas fueron interrumpidas por los encarcelamientos, que llevaron a la pérdida de la propiedad y a la ausencia de la mano de obra necesaria para llevar a cabo las tareas de las granjas y de los hogares. Los lazos entre los niños y los padres, entre esposos y esposas, entre hermanos y vecinos, fueron desgastados por acusaciones y contraaccusaciones. Algunos nunca se recuperarán de dicho trauma"(1). Y en medio de esta caza de brujas que sacudió a la sociedad puritana, se encontraba la esclava amerindia de Samuel Parris llamada Tituba.

En 270 páginas la profesora de historia Elaine G, Breslaw, reexamina la cacería de brujas de Salem en base a la confesión inicial de Tituba; siendo este libro más que una mera biografía, ya que analiza los hechos ocurridos en base a las circunstancias que rodearon dicha confesión, llegando a la conclusión que esta fue producto de un mecanismo de defensa y de poder por parte de Tituba(2). Breslaw en este libro busca discernir cómo una mujer que permaneció fuera de la comunidad puritana de Salem, debido a su identidad como india, fue capaz a través de sus confesiones de iniciar una ola de miedo tal en el mundo colonial británico nunca antes vista.

Breslaw reconstruye minuciosamente las pruebas preliminares de Tituba, su vida a partir de información mínima y de pequeñas pistas enterradas en los registros de las plantaciones de Barbados, examinando además las narraciones de la brujería, a la luz de sus conclusiones sobre la cosmovisión de Tituba. A partir de esto, Breslaw determina que su confesión de 1692 no fue un acto de sumisión, más bien busco manipular los temores de los líderes puritanos de Salem, pudiendo ser vista su confesión como un acto de resistencia por parte de una esclava ante los maltratos y abusos de su amo Samuel Parris, el ministro puritano de Salem. La rapidez en que el miedo y la paranoia se exparció, son pruebas para Breslaw de la existencia de una cultura sincrética en el puritanismo de Nueva Inglaterra, en donde la cosmovisión puritana se mezclo con la cultura y folclore de otras cosmovisiones.

El libro en cuestión se divide en dos partes: la primera explora la vida de Tituba en Barbaros después de su captura y esclavitud. La segunda examina su vida en Massachusetts hasta su confesión. De esta manera, Breslaw se esfuerza por ilustrar cómo los dos mundos, aunque muy distintos, estaban inextricablemente unidos. Las experiencias de vida de Tituba en América del Sur, Barbados y Massachusetts, significó el conocimiento de diversas culturas:amerindia, africana, inglesa y puritana: lo que lleva a la autora a considerarla como una representación exitosa del sincretismo cultural en el mundo colonial británico. Sus experiencias entre su propia gente, los Arawak, sus interacciones con los mundos africanos y criollos en Barbados, su contacto con Elizabeth Pearsehouse, su amante blanca en Barbados, y sus años en el hogar de Samuel Parris, refuerzan la idea que Tituba había absorbido muchos aspectos de todas estas culturas. Sin embargo, pese a esta acervo tan acultural de Tituba, nunca fue aceptada completamente por la comunidad y por lo tanto permaneció como una forastera debido a su identidad amerindia, que para la cosmovisión puritana de alguna manera la hacia blanco de suspicacias. Lo paradójico es que esa misma identidad fue la que le dio credibilidad a su confesión, pues para los puritanos era una obviedad que los infieles indios tuvieran trato y vinculo con el mundo demoníaco.

Un dato que no debemos olvidar es que más allá de las declaraciones de Tituba, sabemos con certeza que ella participo en la realización de un hechizo junto con Mary Sibley con miras a aliviar los padecimientos de Betty Parris, el cual consistió en la preparación de un "witchcake", a base de la mezcla de harina de centeno con la orina cocida de la niña, cocida en cenizas, con el cual se alimento a un perro. El resultado esperado era que el perro al que se suponía animal familiar de las bruja, revelará la fuente de su sufrimiento; pero dicho preparado no tuvo efecto alguno, muy por el contrario, la chica Parris empeoró y otras tres muchachas comenzaron a sufrir los mismos síntomas, lo que levanto las sospechas de un origen satánico en la comunidad, sospechas que culminaron con la acusación contra Sarah Goode, Sarah Osborne y Tituba. Sin embargo, cuando Tituba compareció ante el tribunal negó el ser bruja, pues a diferencia que sus perseguidores, tenia muy claro que bruja es quién usa la magia con la intención de causar daño. 

En marzo de 1.692 Tituba a regañadientes termino confesando forzadamente su familiaridad con el diablo, pero la confesión no terminó aquí. Lo que siguió fue el despliegue del imaginario de la brujería satánica, lo que desencadenó una caza de brujas basada en el pánico y la histeria en la que nadie estaba a salvo de las acusaciones de brujería. Lo novedoso no fue en si la historia de los sabbats y los vuelos, sino el impacto que su confesión causo y como las creencias de la gente común en la sala del tribunal calaron hondo en la élite educada de Salem. Como señala Breslaw, la brujería no era ajena a la cosmovisión de los puritanos. La magia y la religión estaban muy entrelazadas, el mundo sobrenatural no era patrimonio sólo de los africanos y de los indios. Las acusaciones de la brujería no eran infrecuentes. De hecho, como Keith Thomas ha argumentado, estas acusaciones podrían haber funcionado como un método de control social, disuadiendo los comportamientos peligrosos y alentando la solidaridad comunitaria(3).

Otro aspecto novedoso en las confesiones de Tituna fue que esta salpico a un número importante de personas desde dentro y fuera de la comunidad; en palabras del profesor Robynne Rogers Healey "hombres y mujeres de alto estatus cayeron en el ojo de la ley, hecho que desafió las nociones tradicionales de jerarquía, lo que permitió que las acusaciones de brujería se extendieran más allá de los habituales grupos marginales. A todo esto se sumo el hecho que debido a la falta de un gobierno legítimo y la suspensión de los tribunales hasta la llegada de un nuevo gobernador, se genero un tiempo de espera en el cual, el miedo a las brujas permitió un caldo de cultivo, en el cual se entremezclaron el folclore y las creencias teológicas puritanas".

La locura llega a su fin, cuando ya avanzado los procesos muchos de los acusados se retractaron de sus confesiones, entre ellos Tituba que se defendió aludiendo que su declaración había sido hecha bajo presión. En octubre, cuando la esposa del gobernador Phips fue acusada, las amenazas tomaron un cariz personal, prontamente los reclusos fueron liberados en 1.693, entre ellos Tituba a la cual se le perdió el rastro.

En conclusión, Tituba, Reluctant Witch of Salem es una contribución muy valiosa a la historiografía , a través de su examen de cómo el intercambio cultural puede (intencionalmente o no) catalizar nuevas críticas sociales y desestabilizar del statu quo. Otro de los punrtos a favor del libro de Breslaw, es que logra una nueva erudición de un tema bien gastado y manoseado, iluminando nuevos senderos de investigación e interpretación.


Yerko Isasmendi ®

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Notas

1) p. 171.
2) Recordemos que en Europa se han registrado muchos casos de mujeres que se autocrearon la fama de brujas como unico medio de poder, ya que a través de dicha imagen, lograban no solo acceder a una serie de favores y servicios dentro de sus comunidaders, sino que además a tener cierto status imposibles de lograr por otros medios, para mujeres en situación precarias dentro de las sociedades que les toco vivir.
3) Keith Thomas, Religion and the Decline of Magic, (New York: Charles Scribner’s Sons, 1971), 531

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