Tarot: de juego de mesa a la adivinación

 

Desde hace ya tiempo que me he sentido atraído por la historia de la cartomancia y las barajas en general. Ya he comentado algunas barajas, como la Baraja Fantasma y el Oráculo de Madame Lenormard, y en esta ocasión haré una pequeña síntesis del ‘’Tarot Nouveau’’.

A esta altura es innegable el uso desde hace siglos de las cartas de Tarot como un juego de mesa, si bien no se sabe con certeza cuándo ni dónde este ‘’juego’’ aparece, así como tampoco cual es su origen. Lo único cierto que sabemos, es que los primeros mazos que han sobrevivido datan del siglo XV, mazos que por lo demás, destacan por su rico decorado y alta factura, ya que muchos de ellos estaban destinados a servir de pasatiempo a las más ricas familias de Italia, principalmente de las ciudades de Milán o Ferrara[1], aunque Stuart Kaplan nos señala que también era un juego muy popular en Francia y Suiza[2]. De estas barajas, una de las más famosas es el Tarot conocido como Carlos VI, del cual sólo han sobrevivido diecisiete cartas de las setenta y ocho que originalmente lo componían. Caroline Sanchez , señala que el nombre de dicha baraja «proviene del hecho de que originalmente se pensó que pertenecía al rey francés cuyo reinado abarco entre 1380 y 1422. En realidad, este juego de cartas se produjo después del reinado de este último, en el norte de Italia: por lo tanto, no podría haber pertenecido al monarca»[3].

Pero más allá de la identidad del posible dueño de dicho mazo, lo interesante es que estas primeras barajas estaban destinadas a palear el aburrimiento en los ricos salones europeos, y que con el tiempo fueron evolucionando y sirviendo como soporte con miras a saciar otro tipo de necesidades más elevadas que el mero ocio. Gisèle Lambert al respecto señala que «los tarots pintados se mencionan desde el siglo XV en las cortes de Milán y Ferrara. Aparecen como una de las expresiones de la cultura humanista, que inspiró muchos juegos educativos, edificantes, a veces iniciáticos o esotéricos. Creaciones de eruditos, estos juegos abundan en alegorías, símbolos y emblemas, difundiendo la nueva cultura»[4].

Lambert, nos sigue relatando que la primera mención al Tarot se registra en 1442 con el nombre de da trionfi o triumphorum ludus. Sin embargo, precisa que en 1500 se utilizó el término tarrochi en un libro de cuentas, en la corte de Ferrara, antes de ser traducido a partir de 1505 por “Tarot” en un documento en francés. De hecho, es desde Italia que la práctica de este juego de mesa se extendió a Francia y Suiza, y finalmente al resto de Europa. Todos los estudiosos están de acuerdo en que el juego mantiene la misma estructura desde su origen hasta hoy, es decir que está compuesto por setenta y ocho cartas. Podemos separar estas cartas en dos categorías: las cartas clásicas que suman cincuenta y seis por un lado, y los veintidós triunfos.

Al parecer debido a la gran popularidad que alcanzo dicho juego, las variaciones no tardaron en aparecer. Ya en el siglo XVI, por ejemplo, en Florencia aparece el Minchiate; baraja a la cual se le han añadido diecinueve triunfos adicionales. Todo este aspecto lúdico del Tarot, comenzó a ser eclipsado en el siglo XVIII con el desarrolló del aspecto ocultista de la baraja, principalmente gracias a los escritos de Court de Gébelin[5]. Según él, el juego mantendría oculta una milenaria sabiduría egipcia. Si bien durante este período se siguió jugando con cartas como las del Tarot de Marsella y sus variantes,  poco a poco la dimensión adivinatoria comenzó a ganar adeptos. Además, el juego de cartas se modernizó durante este período. Los palos italianos (copas, monedas, palos y espadas) desaparecen en favor de los franceses (corazones, diamantes, tréboles y espadas), y la iconografía de los triunfos se transforma en una iconografía más secular.

En medio de este ambiente, en el siglo XVIII, se crea el “Tarot Nouveau”, que rápidamente se posiciono como la principal baraja de Tarot destinada para el juego, mientras que el Tarot de Marsella comenzó a ser utilizado principalmente para la adivinación y otros fines ocultistas.

El “Tarot Nouveau” se compone de un juego de cartas clásico al que se le ha añadido veintiún triunfos y L’Excuse, que funciona en forma similar al Joker. Inicialmente su iconografía respondía el medio aristocrático en que se utilizó, aunque con el paso del tiempo, sus cartas representan escenas urbanas por un lado y rurales por el otro. El siguiente análisis se basa en el realizado por Thierry Depaulis[6]. Las cartas están cortadas en dos planos, las escenas urbanas se ubican en la parte superior de la ilustración, mientras que las representaciones rurales se ubican en la parte inferior, en la otra dirección.

Daré algunos ejemplos de los significados asociados a cada carta:

1.-Tema general: Ocio; Tema de la carta: La locura individual; Representación urbana: Pierrot / El loco y la bailarina. 

15.- Tema general: Pasatiempos; Tema de la carta: Las artes visuales; Representación urbana: La fotografía; Representación rural: La pintura.

20.- Tema general: Pasatiempos; Tema de la carta: El juego; Representación urbana: El juego de las cartas; Representación rural: El juego de bolos.

Thierry Depaulis une los dos extremos que son el 1 y el 21, pero en realidad podemos unir los tres extremos, ya que el último triunfo, que no está numerado, se llama a sí mismo Le Fou. Además, podemos juntar las cartas del 12 a 15 con la carta 20, ya que todos representan un pasatiempo, una actividad para divertirse. La carta 20 es particularmente interesante en la medida en que, mediante un proceso de ‘’mise en abyme’’, los propios jugadores están representados en la carta … jugando a las cartas.


Yerko Isasmendi


Notas

1Aunque ciertos juegos de xilografía nos demuestran que existían versiones del juego disponibles personas más modestas.
2) La Grande encyclopédie du tarot
3) Entre jeu et magie, une littérature ludique. Étude de livres de jeux divinatoires et du Gran et Petit Albert
4) Exposition virtuelle « Dessins de la Renaissance» de la Bibliothèque nationale de France
5) COURT DE GEBELIN, Antoine, Monde primitif, analysé et comparé avec le monde moderne,
op. cit.
6) Tarot, jeu et magie

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